Desde niño me dijeron que el 12 de octubre se celebra el día del descubrimiento de América, el día en el que un valiente navegante, descubrió un continente. Que en sus 3 barcas trajo consigo el avance de las civilizaciones y que gracias a él debemos nuestra historia, nuestra cultura, nuestras patrias etc.
Lo que nunca me dijeron fue que con él también vinieron enfermedades, asesinos, una religión que nos ha hundido en la miseria, y en nombre de un dios (su dios) execraron todo el legado cultural que poseíamos, obligaron a los verdaderos dueños de estas tierras a ceder sus territorios y a regalarles el oro y demás piedras preciosas, con las cuales edificaron sus palacios los reyes, nunca me contaron que no fue un regalo y no fue que nuestros aborígenes cobardemente se rindieron a pies del invasor; nunca me dijeron las sangrientas batallas que en estas tierras se desataron y los grandes héroes autóctonos que lucharon hasta morir por lo que les pertenecía, la lista es numerosa pero entre los más destacados guerreros que la historia opaco Los Caciques Guaicaipuro, Terepaima, Tiuna, Yare, Maiquetía, Mara, Cayaurima, Naiguatá, Chacao, Guaicamacuto, Baruta, por mencionar algunos, y sus historias son bastante dolorosas y a la vez reconfortantes, por que demostraron gallardía y coraje al defender sus tierras y su dignidad a no ser pisoteados y preferir morir combatiendo a pesar de la diferencia tecnológica, muy distinta a la historia de un colon con sus curitas que en señal de la cruz llegaron a nuestras costas y fueron recibidos con presentes a cambio de vidrio.
No tenemos nada que celebrar el 12 octubre, debemos más bien conmemorar y sentirnos orgullosos de la batalla dada por nuestras tribus, y seguir el ejemplo de lucha por la dignidad que no se compra con dinero ni se persuade con armas, hoy más que nunca debemos pararnos firmes ante los imperios asesinos que tienen sus manos bañadas en sangre, que aunque sus ciudades hoy resplandecen en la gloria de nada vale por que sus historia son vacías y carentes de sustento, he ahí una potencia proveniente de una masacre a un pueblo desarmado, una usurpación y explotación desmedida de sus tierras que ya no dan más vida, eso es lo que son hoy los EEUU.
Debemos reflexionar sobre las grandes deficiencias que tenemos, de una forma estos ancestros habían logrado el equilibrio perfecto entre la tecnología y la madre tierra, entre la religión y la ciencia, aprendamos de nuestros aborígenes que la naturaleza no es para vivir de ella sino para vivir con ella, que si abusamos de sus bondades mañana nos pasaran factura, y vaya que esa deuda si será impagable y no habrá poder alguno que podamos dominar que nos salve del hades de la destrucción, el hombre se ha convertido en un arma de destrucción masiva y si no nos detenemos perderemos nuestro paraíso, América y África aun son recintos vírgenes que debemos preservar, no se trata de permanecer en el oscurantismo tecnológico y vivir aislados de los avances pero si rescatar esas enseñanzas ancestrales de nuestros orígenes y aprender de una buena vez que la vida es verde y no gris, que dependemos de la naturaleza y no de una selva de cemento, el 12 de octubre de 1492, ese lazo de equilibrio se rompió, por la infame injerencia del invasor, hoy a 517 años es nuestra responsabilidad histórica y para con la humanidad rescatar ese punto de fusión entre el hombre y el mundo, la madre tierra llora de dolor y clama por nuestra atención, y si no actuamos a tiempo que será de nuestras futuras generaciones. Vivan los pueblos aborígenes y mis respetos a su conocimiento, hoy más que nunca su tecnología ancestral se hace vigente y necesaria, exigimos al vaticano libere los documentos robados a nuestros templos que ahí se haya información vital y de ella dependerá la vida en el futuro, empieza la nueva era y con ella llegan los cambios que en estos años estamos viendo, América le toca el cetro del poder y eso potencia alguna lo evitara, próxima potencia se destara y como dijo el Che “Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente”, no caigamos en la codicia de las potencias y cometamos el mismo error, la clave está en la fusión de lo tecnológico con lo verde y lo místico de nuestros antecesores.