martes, 13 de agosto de 2013

MAYAS

Origen

Hasta hoy, los especialistas no logran un único consenso sobre los orígenes de la civilización maya, cultura que se desarrolló a lo largo de una extensa región llamada Mesoamérica, abarcando vastos territorios en el sureste del México actual, y gran parte de Centroamérica. Estimativamente, se comprende la existencia de las etnias mayas entre los años 2000 a.C. y 1546 d.C., aunque no es posible precisarlo. Sobre distintas teorías, existe un acuerdo para dividir el análisis de su desarrollo prehispánico en tres etapas principales.

Período preclásico y clásico 

La etapa preclásica estuvo vinculada a la agricultura como principal medio de subsistencia y desarrollo cultural, datando su vigencia desde los años 1000 a.C. a 320 d.C., lapso durante el cual se desarrollaron los idiomas y la arquitectura de los primeros mayas. Se especula con que los pobladores originarios migraron hacia la zona del Golfo de México, conformando tribus, como la olmeca, posiblemente relacionadas con otros asentamientos migratorios oriundos de la zona de El Petén, en la actual Guatemala. Con una expansión de grandes dimensiones, la población comenzó a organizarse en torno a una clase de nobles y sacerdotes que encabezaron la pirámide social. Desde el 320 d.C. al 987 d.C. se desarrolló la era clásica o teocrática, con grandes progresos en materia agrícola, técnica y comercial, lo que permitió las condiciones necesarias para erigir grandes edificaciones en ciudades destinadas al culto religioso y el comercio. Hacia el año 900, los centros teocráticos mayas colapsaron y fueron paulatinamente abandonados.

 

Período Posclásico

Con la caída de Teotihuacan y la posterior crisis de los centros mayas, se origina la etapa posclásica, situada entre los años 1000 y 1687, la que concluye con la conquista española y sus consecuencias. Grandes movimientos migratorios de las etnias mayas, en mayor medida mestizados con los náhuatl, se agruparon en una corriente denominada putún. Estos fundaron grandes poblaciones, dominaron las rutas comerciales marítimas de la Península de Yucatán, conquistaron ciudades, como Chichén, y establecieron alianzas, como la Confederación de Mayapán. Más tarde, tras la caída de los principales centros culturales, Yucatán quedó dividida en 16 estados independientes.

Geografía

Los límites de los territorios abarcados por los mayas no se corresponden con ningún límite en la geografía de los países actuales. A grandes rasgos, es posible situar a los mayas en la zona comprendida por el sur de México, entre el océano Pacífico, hacia el oeste, el mar Caribe y el golfo de México, hacia el noreste; la península de Yucatán; gran parte de Guatemala, Honduras, El Salvador y Belice. En total, se estima que el mundo maya cubrió una superficie en torno a los 400 mil kilómetros cuadrados.

Características Geográficas

La extensión del territorio maya posee una amplia diversidad, tanto en su topografía, con enormes cadenas montañosas, planicies áridas y selvas bajas, como en su ecología, con climas que abarcan un extremo abanico de alto contraste entre distintas regiones. Mientras que en las tierras bajas, a lo largo de las costas y el bajo monte, podemos encontrar una temperatura cálida y húmeda, en las tierras altas, de montañas y volcanes, el clima es árido y seco. Zonas anteriores a la Sierra Madre Oriental tienen abundantes precipitaciones, épocas de tornados y desborde de ríos; zonas posteriores, en cambio, atraviesan grandes períodos de sequía. La biodiversidad del área mesoamericana es vastísima; las especies animales se cuentan por millones.

Climas

Hacia el norte, en los actuales estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, el clima es semiárido, seco y cálido. Si bien no hay ríos en superficie, existen corrientes subterráneas, que desembocan en ojos de agua. Hacia el centro, desde el estado de Tabasco, hasta Honduras, el clima se torna húmedo y caliente, con temporadas de abundantes lluvias y vegetación tropical. Hacia el sur, en la costa del Pacífico, Guatemala y El Salvador, existe un clima templado y frío, sobre las sierras, y húmedo y caliente, en el llano.

 

Política y Sociedad

La sociedad maya se organizó en torno a una rígida estructura jerárquica, la que, desde sus inicios y a través de su desarrollo, situó en el extremo superior de la pirámide social a la clase noble, los almenehoob, detentores hegemónicos del poder político y religioso. Los lazos de las castas dirigentes fueron siempre hereditarios, por lo que el gobierno se perpetró en base a linajes de familias de la nobleza. La única salvedad puede estar marcada por el caso de los comerciantes, quienes, en algunos casos, por conocer rutas y pueblos alejados, eran elevados al estatus social nobiliario, por contar con información militar estratégica para el emperador. Por lo demás, fue una sociedad teocrática, en donde la mayor autoridad correspondía a la clase sacerdotal y el emperador era concebido como un dios en la tierra.

 

Sociedad


En general, los estados mayas se organizaron como provincias independientes. Cada provincia era gobernada por un único gobernante, llamado Ahau, quien concentraba el poder político, religioso y militar. Cada pueblo de la provincia era gobernado por un Batab, o jefe local, a las órdenes del Ahau provincial. A su vez, cada barrio, en cada pueblo, era dirigido por un Ah Cuch Cab, o jefe menor. Durante la época de guerra, las milicias estaban comandadas por el Nacom, o supremo jefe militar, quien, al igual que cualquier funcionario, también obedecía al Ahau provincial. En la misma categoría social que un jefe Batab se encontraba el sacerdote, llamado Ahkin; en el extremo superior del poder sacerdotal se ubicaba el Ahuacán, supremo sacerdote, a cargo de los templos, rituales y sacrificios, así como de la astronomía, la escritura y los cálculos calendarios. En la base de la pirámide social se ubicaban los artesanos, los campesinos y los esclavos.

Política

Durante el período clásico, el gobernante de una provincia era llamado Ahau Te’ y los señores gobernantes de los pueblos de la provincia eran llamados Sahl. Sobre el final de este período, adentrados los tiempos de la etapa posclásica, existió un gobierno de provincias confederadas llamado Multepal. Bajo este esquema político existieron dos grandes hegemonías ordenadas en las ciudades de Chichén Itzá, primero, y Mayapán, después. El mandato estaba a cargo de varios jefes hermanados en un consejo de gobierno común.
 

Ciencia y tecnología

La cultura maya se caracterizó por una inteligencia práctica extraordinaria. Su arquitectura monumental, sus varios tipos de calendarios, las notables observaciones astronómicas, su sistema numérico y las poderosas técnicas agrícolas, son muestra de ello. Tan práctica fue la ciencia y la tecnología de esta cultura, que, aún conociéndola, jamás emplearon la rueda, más allá del uso que le dieron para algunos juguetes. Al no contar con animales de carga, nunca necesitaron construir vehículos, ni, por lo tanto, ruedas para los mismos. Por otro lado, su literatura, arrasada por la conquista española, fue prolífica y compleja. Brillaron en las técnicas del tallado, la cerámica y la pintura.

Matemática y Astronomía

Los mayas empleaban un sistema numérico vigesimal muy sofisticado, capaz de soportar cálculos con cientos de millones de registros y fechas tan extensos, que son necesarias varias líneas de una hoja moderna para poder ser escritos. Uno de los puntos más altos en la ciencia maya está dado por el descubrimiento e implementación del concepto del número cero, al que representaron con un caracol. La precisión con la que realizaron sus observaciones astronómicas es comparativamente mucho más exacta que las verificadas en cualquier otra civilización anterior a la invención del telescopio.

Agricultura e Hidráulica

Los mayas llegaron a producir unos 100 kilos de maíz por hectárea, de manera intensiva y constante, a través del trabajo en terrazas y la tecnología de abono de la tierra. Además, fueron verdaderos ingenieros hidráulicos, lo que les permitió una óptima irrigación de los campos cultivados. Algunos de los últimos hallazgos arqueológicos demuestran que los mayas de las zonas de Palenque, en la selva de Chiapas, desarrollaron canales de agua a presión con anterioridad a la llegada del Imperio español. Combinaron la fuerza de gravedad y el estrechamiento de los acueductos para obtener un cambio significativo en la presión del agua. Si bien no hay certeza sobre los usos de este sistema, se especula con que sirvieron para regar zonas en altura y decorar plazas con fuentes de agua.


Economía

La agricultura fue un elemento central de la civilización maya, no sólo por las abundantes producciones, sino por el profundo grado de conocimiento que tuvieron sobre los distintos sistemas de cultivo y la maestría con que diversificaron, planificaron y, en definitiva, construyeron su sistema agrícola. Si bien explotaron mayormente territorios de selva tropical, también proliferaron en suelos y climas muy distintos, con amplitudes térmicas y regímenes pluviales fluctuantes, adaptando la explotación de sus recursos en base a diferentes técnicas de producción de la tierra. Todo ello, en resumen, situó a la agricultura como la más importante actividad económica de los mayas. El uso de la moneda no existió. Emplearon el trueque, con una variante: las mercancías podían ser pagadas con semillas de cacao.

Comercio

Además de las actividades agrícolas, los mayas fueron cazadores, arboricultores, pescadores y mineros. Los grandes confines de su geografía incluían zonas con producciones disímiles, por lo que el intercambio, a través del comercio, fue un pilar fundamental de la economía regional. En los centros urbanos existieron enormes mercados, denominados p’polom, abastecidos por todo tipo de insumos. Los mayores comerciantes, situados en la casta noble de la sociedad, realizaban largos viajes para vender sus productos a mercaderes menores, quienes, a su vez, los distribuían casa por casa en los pueblos más pequeños.

La Tierra y los Caminos

Las tierras eran propiedad del gobernante. Según el rango en la clase social y las necesidades de cada familia, este se encargaba de dividirlas y distribuirlas para la producción, el pago de tributos, y el comercio. El transporte terrestre fue posible a través de extensas rutas, construidas sobre tierra apisonada recubierta de polvo calcáreo. El transporte acuático se basó en el empleo de canoas, tanto en agua dulce como salada. Entre los bienes más comercializados se destacan el jade, la obsidiana, plumas, algodón, conchas marítimas y pescado, cacao y objetos de cerámica.

Religión

La mitlogía maya, en torno a la cual se organizó la sociedad y todas sus actividades, fue politeísta, abarcando un conjunto de dioses adorados al unísono. Basaron sus creencias en la observación de los fenómenos naturales, lo que denotó un carácter místico con claves naturalistas. La cosmogonía de este pueblo, al contemplar los opuestos como complementarios igualmente divinos, tuvo una concepción dual de la divinidad.

La creación del mundo

La narración mítica de los mayas cuenta que el mundo fue creado ya con anterioridad en dos ocasiones y luego destruido por los sucesivos diluvios e inundaciones. El mundo actual es el tercero en ser construido por los dioses Tepeu y Kukulkán, sus creadores. Así mismo, el hombre fue construido tres veces: en primera instancia lo fue en base al barro, pero se deshizo a la postre por carecer de consistencia; luego fue concebido a partir de la madera, pero no agradó a los dioses, pues no poseía alma; finalmente, con la intervención de varios otros dioses, en la tercera oportunidad, el hombre fue creado a partir del maíz, trabajo que, finalmente, fue del completo agrado divino. La religión maya creía en un cosmos compuesto por 13 cielos, como capas, uno sobre otro. A su vez, cada cielo era gobernado por 13 deidades, llamadas Oxlahuntikú. La tierra se situaba por debajo de estas dimensiones y, bajo ella, existían 9 cielos subterráneos, dominados por 6 dioses, los Bolontikú. La última capa correspondía al infierno de los mayas, regida por Ah Puch, el señor de la muerte.

El Panteón Maya

Existen tres dioses principales, que participaron en la creación del hombre: Kukulkán, dios de las tempestades, dador de vida a través del agua e instructor del hombre, a quien enseñó el arte del fuego; Hurakán, dios del viento y corazón del cielo, el fuego y la tormenta; por último, completa la trilogía el dios Tepeu, el conquistador. Situados en el inframundo se encontraban los Señores de Xibalbá, deidades malignas, entre las que se destacan como gobernantes los demonios Vucub-Camé y Hun-Camé.

Lugares Sagrados


A lo largo y ancho de las espesas selvas de Centroamérica, tanto como en los valles y montañas de la península de Yucatán, la civilización maya alzó monumentales templos y pirámides de piedra, o ladrillo cocido, según la zona. Sin contar con animales de carga ni medios de transporte rodado, supieron desarrollar ciudades, palacios, campos de deporte, caminos, acueductos y desagües, entre otras obras formidables. Toda la cultura maya giró en torno a la religión, por lo que no existe un lugar que no haya sido considerado sagrado.

Algunas ciudades sagradas

Teotihuacan, cuya construcción resulta hasta nuestros días un verdadero misterio, supone la intervención de diversos pueblos reunidos en un lugar común, que abarcó, según las excavaciones actuales, unos 36 kilómetros cuadrados, al noroeste del valle de México. La ciudad de El Mirador, considerada cuna de la civilización maya, está ubicada en plena selva del Petén, Guatemala, y, entre otras edificaciones, se destaca la pirámide más alta de la era maya, llamada El Tigre. Chichén Itzá, emplazada sobre unas 300 hectáreas, en el actual Estado de Yucatán, en México, es testimonio de la confluencia de las civilizaciones mayas y toltecas, que dieron origen a las estructuras arquitectónicas más importantes de Mesoamérica. Tikal, en el actual territorio de Honduras, es la ciudad más antigua y grande que se haya descubierto hasta el momento, ocupando unos 16 kilómetros cuadrados, entre templos, palacios, observatorios astronómicos y plazas.

Sitios Sagrados

Lagos, lagunas, cenotes, cuevas y depresiones terrestres, eran considerados templos naturales y sagrados. Entre muchos otros, podemos mencionar la laguna de Petexbatun, en Guatemala, que fue uno de los sitios sacros más importantes hasta el colapso cultural maya. En torno a ella se edificaron ciudades amuralladas, tales como Aguateca y Chiminos. El lago de Atitlán, en Guatemala, rodeado por tres volcanes, supone uno de los paisajes más impresionantes y sublimes. La Cueva de la Candelaria, en México, es un emplazamiento de cristalizaciones naturales gigantescas, de alta importancia en el culto de las civilizaciones mayas. Los cenotes, depresiones de la tierra por donde aflora el agua, fueron considerados espejos del cielo; entre otros, se encuentran los de Chichén, Cuzamá, Aké y Tixkokob.

Calendario

A diferencia del calendario gregoriano, que basa su medición del tiempo en las proporciones de la tierra con respecto al sol, los mayas poseían un sistema calendario compuesto por tres calendarios girando en torno a un mismo punto. Por un lado, contaban con el calendario Tzolk’in, de 260 días de duración, de uso civil, que organizaba los días en la cotidianeidad de los hombres; luego, contaban con el calendario haab, de 365 días de duración, de carácter divino, que cada 52 revoluciones volvía a coincidir con el ciclo del calendario civil. Cuando llegaba este momento, toda deuda era perdonada y todo volvía a comenzar nuevamente. Además, existía un tercer calendario, llamado la cuenta larga, que cronometraba las revoluciones de los otros dos y permitía diferenciar los eventos ocurridos entre ellos. Los mayas también midieron el tiempo en función de los solsticios, los equinoccios y las constelaciones estelares.

Las eras del calendario maya

El calendario maya se divide en 9 diferentes niveles, que se relacionan con la división de niveles plasmada en la construcción de las pirámides, a su vez subdivididos en 13 secciones individuales: 7 períodos de luz y 6 períodos de oscuridad. Vale decir que contemplaban 7 días y 6 noches en cada nivel de la creación. Durante cada día, el nivel de conciencia se incrementaba; durante cada noche, se plasmaba en forma pragmática la nueva conciencia. El primerísimo ciclo comenzó hace 16.4 billones de años, divididos en 13 secciones de 1.26 billones de años cada una, tal la duración de cada día y cada noche. Estos días y sus noches tenían una particular intención con respecto a la creación: se trató de un ciclo de acción y reacción.

Interpretación del calendario

Dentro de las castas mayas, la sacerdotal estaba encargada de interpretar, con arreglo a cosmovisión y mitología, qué deparaba al hombre y al mundo cada nuevo ciclo y también los sucesivos. Si bien no es idéntico y, de hecho, los estudios concuerdan en diferenciarlo como autóctono y propio, el calendario maya tiene grandes similitudes con el calendario olmeca y el mexica.

Arte

El arte de la civilización maya, especialmente las obras correspondientes al período clásico, tuvo un grado de maestría y fineza tan excelso que suele ser comparado con las artes clásicas del occidente europeo. En las diversas regiones, los artesanos trabajaron con altos grados de calidad técnica y en distintos estilos, abordando sus manufacturas desde una perspectiva social, cultural, religiosa y política. Ya sea en la construcción de los monumentales palacios y pirámides, como en la elaboración de esculturas y pinturas, o utensilios y adornos, el arte estuvo estrechamente vinculado con el estatus social y la jerarquía política, en la vida, desde luego, como en la muerte, a través de los ajuares funerarios. La pintura se caracterizó por representar a los personajes de costado, con técnica al fresco, empleando perspectiva. Para la música implementaron instrumentos de viento, hechos en madera, y tambores.

Arquitectura y diseño urbano

Las principales edificaciones, como Chichén Itzá y Uxmal, por ejemplo, nacieron en virtud de centros religiosos, o comerciales, o burocráticos, y se ampliaron hasta conformar verdaderas ciudades. En general, las construcciones se adaptaron al terreno, aprovechando depresiones y elevaciones, sin una planificación general, uniendo los grandes centros sociales mediante calzadas y numerosas plazas. Se destacan las plataformas ceremoniales, los palacios y los observatorios astronómicos, todos ellos con acabados en piedra tallada y ornamentados suntuosamente a través, sobre todo, de la pintura.


Cerámica y escultura

La cerámica se empleó para el uso cotidiano, fuentes, platos y vasijas, como para la religión, a través del culto. Eran piezas cocidas en grandes hornos, adornadas con acuarelas y relieves de distintas figuras geométricas, o textos mayas sobre hazañas religiosas y militares. La escultura se manifestó en altares, lápidas, dinteles, columnas y tronos. Entre las obras más bellas se encuentran las estelas, enormes piezas de laja, semienterradas verticalmente, talladas en bajorrelieve, conmemorando los acontecimientos ocurridos en determinados períodos de tiempo, a lo largo de la historia.

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jueves, 8 de agosto de 2013

ICONA Vulcano


En el Auto Show de Shanghái 2013 la casa de diseño italiana Icona ha presentado al mundo un carro muy especial y sumamente atractivo. Se trata del Icona Vulcano un carro hibrido deportivo que ofrece una aerodinámica muy desarrollada y un maravilloso equipamiento técnico. El precio de este carro deportivo alcanza los 2 millones de euros.


El Icona Vulcano es un superdeportivo diseñado por Samuel Chaffart que mide 4,45 metros de largo y 1,94 metros de ancho. Pesa unos 1.595 kilogramos y de su construcción se encargará la compañía Cecomp.

El Icona Vulcano se ofrecería con dos sistemas de propulsión diferentes, ambos híbridos, creados por Claudio Lombardi, ex director técnico de la Escudería Ferrari de F1.

 



La primera opción se denomina H-Turismo V12 y dispone de un motor V12 de 800 CV y otro eléctrico de 162 CV. La fuerza de ambos se transmite a las ruedas traseras mediante una caja automática con la que el Vulcano aceleraría de 0 a 100 km/h en 3 segundos y alcanzaría 217mph  (349 km/h).

El H Competizione, que es la variante más potente, tiene un motor  V6 biturbo de 557 CV combinado con dos motores eléctricos de 162 CV cada uno (uno en el eje delantero y otro en el trasero). En principio alcanzaría la misma velocidad máxima, aunque aceleraría de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos.

Las llantas del Icona Vulcano están forjadas en aluminio, de 20 x 10 pulgadas en la parte delantera y 21 x 12,5 pulgadas en la parte trasera. Se montan en ellas neumáticos Pirelli P Zero de rendimiento ultra alto. Estos neumáticos tienen una sección de 355 mm en la parte trasera y 285 mm en la parte delantera; se han empleado nano-materiales en su fabricación y cuentan con un nuevo diseño en la banda de rodadura.
 
El sistema de frenado está desarrollado por Brembo, con una excelente disipación de calor, y pinzas de seis pistones. Usa discos cerámicos de carbono ligero de 380 mm para reducir la inercia.


martes, 6 de agosto de 2013

METAL ART EvOlUcÍoN








Como lo prometido hace un año en publicación

 ..." Todo fluye, nada es estático, cada paso es una evolución, METAL art tambien cambiara, ahora inicia una nueva etapa pronto informaré, aqui un adelanto, estais preparaos?. pendientes Eru magazine y metal art darán un giro inesperado, siempre hacia el futuro sin mirar atras, es hora de hacer los tiempos cero y reestructurar desde las bases. PRONTO"....











Tras un año dormido, y después del apocalipsis del 2012 retorna el espacio de metal, en rumbado a un nuevo concepto y sin dejar a un lado el norte claro de transformar o al menos contribuir al cambio en la sociedad, viene a retomar su espacio la evolución enmarcado en el despertar de la nueva consciencia del ser humano y deslastrar los paradigmas de una sociedad sumergida en el placebo que nos da la distracción sin mirar con detenimiento los mensajes encriptados que nos hacen sumisos ante el sistema opresor. Levantad y tomad lo que por ley de evolución nos corresponde guerreros del metal, luz y sabiduría.





martes, 30 de julio de 2013

Inca

Origen

Hacia el siglo XIII, tras colapsar su reino, el pueblo de Taypiqala comenzó a reestablecerse sobre el valle del río Huatanay, organizándose a través de un proceso que derivó en la fundación del estado cuzqueño, a manos de su primer gobernador, el Inca Manco Cápac. A él se atribuyen la unificación de las tribus preincaicas dispersas en la zona del Cuzco, a las que reunió para conformar la dinastía de los Urin Cuzco, y la expulsión de poblaciones adversas. Hacia el siglo XIV, la sucesión de gobiernos Incas estrechó los vínculos entre el conjunto de curacazgos subordinados al Cuzco, entrelazando los intereses y necesidades de cada uno en un sistema de reciprocidad entre el estado incaico y sus participantes.

El Imperio Inca o Tahuantinsuyo

El inicio del Tahuantinsuyo, el mayor Estado de la América del Sur precolonizada, fue producto de la victoria de las etnias del Cuzco, en el actual Perú, sobre los estados chancas, durante las guerras del año 1438. El Inca Pachacútec subdividió el territorio en cuatro regiones, o suyus, al fundar el Tahuantinsuyo, que en quechua significa las cuatro divisiones, lo que dio origen a un modelo imperial en el que se organizó el estado Inca.

Expansión del imperio

El tributo y los favores recíprocos entre curacas, así como una excelente distribución de la producción, permitieron la fase de mayor expansión en la historia del Imperio incaico, que hacia el siglo XV se extendió hasta ocupar unos 2 millones de kilómetros cuadrados, entre el océano Pacífico y la selva del Amazonas, a lo largo del cordón andino. Cuando un espacio era proclamado por los incas, sus ocupantes podían optar entre pelear o subyugarse. Con prácticamente nulas posibilidades de triunfar, en el primer caso, las distintas tribus prefirieron tributar al imperio, a cambio de apoyo en caso de conflicto con otros pueblos y la obtención de mano de obra para los trabajos, entre otras ventajas. A través del tributo y la reciprocidad se originó el desarrollo de una de las civilizaciones más complejas y poderosas de la historia humana.



Geografía

La geografía andina, a lo largo de Suramérica, fue escenario de las diversas culturas preincaicas que conformaron la civilización Inca. Durante el apogeo del Imperio, los incas llegaron a dominar vastas extensiones de territorio a lo largo de Perú, Ecuador y Colombia, hacia el norte, y Chile, Argentina y Bolivia, hacia el sur.

El culto a la piedra


La montaña y los incas vivieron en comunión. La cultura del Tahuantinsuyo adoró la piedra y con ella estableció un vínculo vital, manifiesto en el despliegue cultural de las tribus que supieron sobrevivir en la diversidad ecológica de la cordillera de los Andes, el frío altiplano, la selva tropical y la costa oceánica. Coexistieron con entornos adversos, fríos y secos, así como proliferaron en zonas de condiciones climáticas benignas. Los 2 millones de km. cuadrados del imperio incaico fueron subdivididas en los cuatro suyus del Tahuantinsuyo, hacia el siglo XV, por Pachacútec, quien tomó como referencia a la capital del Imperio, actual ciudad del Cuzco, Perú.

Extensión incaica en la geografía actual

En la región actual de Chile, los incas conquistaron a los diaguitas en los valles del norte, y, hacia el sur, a tribus mapuches en el valle del Aconcagua, llegando a dominar un vasto territorio hasta los límites del río Maule. En Argentina, ocuparon porciones de las provincias de Tucumán, San Juan, Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja y Mendoza. En Bolivia y Perú, se situaron, a través de sucesivas guerras entre las etnias, en las regiones actuales de Arequipa, Puno, La Paz y Oruro. Dominaron la selva alta y baja, la sierra y la costa peruana, lo que equivale a tres cuartas partes de toda la extensión del país. Más tarde se extendieron por el altiplano boliviano. El actual territorio ecuatoriano, casi en su totalidad, fue incorporado al Imperio, que se extendió hasta Colombia, en donde transitoriamente llegó a ocupar las provincias de Córdoba y Pasto. Luego se desplegó hasta dominar una porción del monte amazónico, aunque sólo se mantuvo en el tiempo su dominio sobre la costa del Océano Pacífico.




Política y sociedad

El esquema social de los incas se organizó en torno al principio que rigió toda su cultura: la dualidad. En el caso de las familias del Imperio, se agrupaban en pares de ayllus, o grupos de familias unidas por una relación de parentesco, que pudo ser real o mítica, y cuyos nombres traducidos al español significaban lugares referenciales, por ejemplo: arriba y abajo, antes y después, dentro y fuera, etc. Esta dualidad no regía una relación de oposición, sino, antes bien, de complementarios, con obligaciones mutuas en un sentido recíproco.

División del Tahuantinsuyo

Basándose en las divisiones de los cuatro grandes señoríos preincaicos, Pachacútec ordenó los cuatro territorios o suyos en que se organizó el estado del incanato: Chinchasuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo, partiendo desde la ciudad del Cuzco. Luego, cada suyo agrupaba a las provincias, o wamanis, que a su vez se subdividían en partes, o sayas, constituidas cada una por ayllus. Un ayllu reunía a familias con un antepasado en común, adorando a una misma momia, lo que establecía un lazo mitológico, que daba un sentido trascendente a la interrelación, manifiesta en deberes y beneficios que todos compartían al trabajar la tierra. El curaca de cada ayllu organizaba las tareas, que además eran supervisadas por un llacta camayoc, un noble enviado por el Inca, que respondía al Imperio.

Estructura social


La pirámide social tenía una punta plana en la que se encontraba situado el emperador inca, máxima autoridad y encarnación del dios sol en la tierra. Contaba con la asesoría de un consejo imperial, compuesto por los máximos representantes políticos, militares y religiosos. La elite del imperio se completaba con las panacas, o familias de linaje real. La sociedad era jerárquica y rígida. En la base social se encontraba el pueblo común: los hatun runa eran los jóvenes que se incorporaban a la mayoría de edad y pasaban a trabajar para el imperio; los Mitmaqkuna eran trabajadores que migraban de una zona a otra y, junto a los yanakuna, trabajadores extranjeros seleccionados para trabajar con los incas, conformaron una clase social que tenía sus derechos, su herencia y sus tierras. También existieron los piñakuna, algo similar a un esclavo, aunque, aún así, podían poseer tierras para su propia subsistencia.+

 

 

Ciencia y tecnología

Los incas fueron grandes astrónomos y centraron su observación en el sol y las estrellas. En base al comportamiento de los astros, lograron establecer patrones precisos para la siembra y la cosecha. Empleando construcciones de piedra, supieron medir el tiempo, predecir el clima e, incluso, los eclipses. Montaron verdaderos laboratorios científicos para sus cultivos, logrando adaptar la supervivencia de diversas especies vegetales a las distintas alturas de la geografía del incanato. El constante avance de su civilización estuvo dado por el aprendizaje que supieron tener sobre las ciencias de las culturas dominadas. En materia militar, aprovecharon la excelencia en el manejo de los metales para construir armas poderosas, como cuchillos, hachas y macanas, que consistían en bolas de metal con puntas de estrella y un mango de madera.

Medicina y agricultura

Los brujos curanderos llegaron a practicar intervenciones quirúrgicas para quitar huesos fracturados, partículas de metal, o restos de armas en los cráneos de los guerreros heridos. Emplearon una herramienta llamada Tumi, un cuchillo con forma de T, símbolo del dios de la medicina incaica. No obstante, su ciencia de la salud se basó en la naturaleza, sirviéndose de animales y plantas para la cura de las enfermedades, atribuidas al abandono del cuerpo que el espíritu hacía cuando sufría un maleficio. Supieron cultivar más de 70 especies de vegetales, entre múltiples variantes de papas y maíces, así como batatas, tomates, ajíes y quinua. Se sirvieron de terrazas para aprovechar el faldeo de los cerros, círculos concéntricos para crear microclimas húmedos y lagunas.

Escritura y cálculos matemáticos


Los incas no tuvieron escritura alfabética. Desarrollaron potentes herramientas de medición a través de los quipus, un sistema de registros con sogas anudadas de distintos colores, que representaban el resultado de un cálculo previamente realizado con los yupana, una especie de ábaco. Se estima que todo tipo de información alfanumérica era almacenada a través de este sistema, lo que aún se encuentra en fase de investigación.

 

 

Economía

Los relatos de la conquista del Perú destacan la excelencia del sistema incaico de aprovisionamiento y redistribución de la producción, tanto agrícola como ganadera, lo que fue posible a través de una correcta administración de los recursos y la contabilidad. El trabajo se basó en la rotación de la mano de obra, un aspecto del ámbito andino tradicional que los incas supieron optimizar. Las tierras eran comunales y se repartían entre las familias según cada necesidad. Si bien la base de la economía fue la agricultura, los incas criaron camélidos, fueron pescadores, y cazaron aves silvestres. El trabajo estuvo dividido en función del objetivo: la mita, correspondía al trabajo para el Estado; la chunga, al trabajo femenino abocado al cuidado del pueblo en cuestiones de salud y ayuda; la minca, al trabajo para el ayllu, o el culto a una divinidad, ya que los incas entregaban tierras a sus dioses; y el ayni, vinculado al trabajo comunitario de reciprocidad entre familias.

Mercaderes

Este grupo socioeconómico estuvo compuesto, sobre todo, por habitantes de las zonas costeras, quienes se dedicaron al intercambio de productos. La economía del incanato no conoció el uso de la moneda como sistema cambiario, sino el trueque. A través del mar, o de las rutas terrestres, los mercaderes llevaban y traían cobre, pescado desecado, ropa, lana, algodón y sal, entre muchas otras cosas. 

Reciprocidad y distribución


La reciprocidad era una antigua costumbre andina, ya en la época del inca. Consistía en intercambiar trabajo, o bienes, entre las familias que conformaban un ayllu, entre ayllus vecinos, y con el Inca, en cuyo caso la reciprocidad era asimétrica, por cuanto el emperador no retribuía con trabajo, sino con protección y asistencia. Este principio funcional no era considerado un favor, sino una obligación entre los incas. La redistribución consistió en el reparto de los excedentes de la producción que el Imperio realizó con su pueblo. Los productos eran almacenados en tambos para disponer de ellos según la conveniencia. En caso de sequías o guerras, se recurría a este acopio.

 

 

Religión

La civilización Inca y su religión fueron, a la vez, una sola y única cuestión. Se trató de una sociedad politeísta que adoró principalmente al astro sol, al que llamaron Inti, y al que consideraron fuente de toda la existencia, creador de todos los dioses. El Inca emperador fue concebido como hijo del sol y su encarnación en la tierra. Así, durante el transcurso de su vida como monarca, mediaba entre la divinidad y los humanos. Al morir, regresaba al cielo con su padre.

Los reinos de Viracocha

Según la mitología incaica, Viracocha, la deidad a cuyo cargo estuvo la creación del mundo, construyó tres reinos o pachas: el Hanan Pacha, que significa mundo de arriba, era la morada de los dioses y a él accedían los hombres que en vida fueron justos; el Kay Pacha, o mundo de aquí, habitado por los seres de la tierra, lugar en que los hombres transcurrían sus vidas; y el Uku Pacha, o mundo de abajo, la tierra de los muertos, los niños no nacidos, y todo aquello que se encontraba por debajo de la superficie terrestre y acuática. La cosmovisión andina se caracterizó por ser totémica y animista, con adoración a los fenómenos naturales. Si bien en el panteón incaico Inti fue el dios principal, cabe destacar que se trató de un culto difundido a través del Sapa Inca Pachacútec, que lo jerarquizó como deidad oficial del Tahuantinsuyo. Por lo demás, Viracocha fue un dios primordial para toda la región de los Andes, figura de culto central también para los nobles cuzqueños, que forjaron los inicios del pueblo Inca.  El mito tribal lo narra como creador del cielo y de la tierra, tras surgir de las aguas del sagrado lago Titikaka. 

Otros dioses

Mama Quilla fue la diosa que representó a la luna, esposa de Inti, objeto del culto principal por parte de las mujeres y sacerdotisas del imperio. Pacha Mama fue la madre tierra, deidad de los campos y la fertilidad; Mama Sara representó la diosa del maíz y Mama Cocha fue madre del mar, entre otros dioses mayores. También existieron un número de dioses menores, generalmente alusivos a estrellas y planetas visibles en las noches estrelladas.






Lugares Sagrados

Entendiendo que el Imperio Inca tuvo una cosmogonía panteísta, es preciso mencionar que para su cultura todo lugar fue sagrado. Una de las obras más admirables es el Qhapaq ñan, o Camino Inca, consistente en una red de rutas que comunicaban todo tipo de regiones, desde las planicies de la costa y los valles, hasta los volcanes y montañas por encima de los 5 mil metros sobre el nivel marítimo. Soslayando todos los accidentes geográficos, los incas se trasladaron a lo largo del imperio entre distintas edificaciones y lugares sacros. El Valle sagrado, situado en los Andes del Perú, es un valle fértil, de ríos y quebradas, que agrupa una gran cantidad de santuarios, monumentos y terrazas agrícolas.

Machu Picchu


Una de las teorías más aceptada indica que fue construido en el siglo XV para uso a la vez religioso, como santuario, y social, como palacio del Inca Pachacútec. El camino original, desde el Cuzco hasta las puertas del lugar, implicaba un recorrido de purificación, a lo largo de distintos paradores, en todo tipo de escenarios ecológicos. Se encuentra ubicado a 2440 metros sobre el nivel del mar, entre las cumbres de los cerros Machu Picchu y Huayna Picchu, rodeados por el río Urubamba. El complejo supo contar con una población móvil que variaba entre los 300 y 1000 habitantes, aproximadamente, posiblemente pertenecientes a la familia real. Así mismo, albergaba centros astronómicos, religiosos, agrícola-medicinales y civiles.

Coricancha

Se trató de la residencia del Inca, alter ego y encarnación del Sol en la tierra. Originalmente fue llamado Inti Kancha, templo del sol, en quechua. También conocido como recinto del oro, este lugar sagrado fue uno de los más venerados por los incas, quienes rindieron culto a su dios máximo cuidando las más rigurosas formas de reverencia y humildad. El lugar estaba rodeado por un muro gigantesco de 3 metros de altura, conformado por las piedras más finamente talladas y una banda de oro macizo en la parte superior, aproximadamente del ancho de una mano, a lo largo de todo el perímetro.





Calendario


La civilización andina, en especial la incaica, basaron su sistema religioso, político, social y agrícola en los cimientos de la observación del cielo y las estrellas. A través de estudios astronómicos, pudieron determinar los solsticios de verano, cada 21 de diciembre, y de invierno, cada 21 de junio. A partir de estas conclusiones dieron origen al calendario que marcaría el ritmo de vida incaico en su conjunto.

Astronomía

Conociendo el movimiento sinódico que completaban a lo largo de sus revoluciones los planetas, los incas construyeron un calendario dual: uno lunar, que regía las fiestas religiosas, y otro solar, que marcaba los tiempos de siembra y cosecha. A partir del Inca Viracocha, el calendario estuvo organizado en un ciclo de 365 días, que a su vez se subdividió en 12 meses de 30 días cada uno y un conjunto de 5 días que se contabilizaban de manera intercalada, teniendo como primer día del año a la luna nueva de enero. Más tarde, el Inca Pachacútec relocalizó el inicio del ciclo en diciembre. Este calendario derivó de un antecesor basado en la luna y las constelaciones estelares, mucho más preciso, con 12 meses de 27 días y un año de 328 días, cada uno correspondido por una huaca, símbolo sagrado de cada familia en el Cuzco. En cualquier caso, el año comenzaba en distintos momentos, según el sitio y la etnia que lo ocupaba, aunque, en general, la actividad agrícola computó a los meses de agosto y septiembre como comienzo del año, a través de la siembra, y el fin estuvo ubicado entre junio y julio, con la cosecha. De lo que se desprende que los Incas contaron con un calendario imperial y otro regional.

Fechas sagradas

Los momentos más importantes del calendario incaico fueron: la festividad del Inca y el Sol, el Inti Raymi, celebrada en junio, destinada al Sapa Inca; la festividad de la Coya y la Luna, Coya Raymi Quilla, celebrada en septiembre, dedicada a la Coya y la purificación del Cuzco; y la festividad de Huarachico, en diciembre, momento en que los niños mayores pasaban a la adultez en un rito iniciático complejo y extenso.




 

 

Arte

La cerámica, la escultura y orfebrería


A mano con el sistema que les permitió una monumental expansión cultural, los incas hicieron circular por todo su territorio los productos que cada zona producía con excelencia, de modo que con el tiempo todos fuesen asimilados, redefiniendo un estándar global. En el caso de la cerámica, se constató la producción de todo tipo de vasijas y utensilios a través de moldes para producción en masa. La escultura, como la alfarería, se basó en formas geométricas sencillas, sobrias, que resultaron abstracciones sintéticas de la realidad inmediata, con un foco predominante en el aspecto funcional de la obra. Los incas fueron expertos orfebres y lograron todo tipo de aleaciones, ya sea para herramientas, armamento, objetos suntuosos u ornamentales. 

Textiles, pintura y música

Los productos textiles se caracterizaron por su fineza y acabado. En sus diseños, siempre simétricos y coloridos, se estampó la cosmovisión andina, representativa de un orden religioso, político y social. La pintura se manifestó tanto en lo textil, a través de mantos, como en lo arquitectónico, en gigantescos murales. También emplearon la pintura para esquematizar regiones y zonas conquistadas, a modo de mapas. Los instrumentos musicales por excelencia fueron los tambores y las quenas, que en ocasiones se construían con restos humanos. Predominaron los sikus, hechos con caña, y las flautas. Existieron melodías para la agricultura, el amor, la guerra y la muerte.

jueves, 11 de julio de 2013

Aztecas

Origen



Aztecas es el nombre que la tradición historiográfica otorgó a un conjunto de pueblos indígenas con una lengua en común, el náhuatl, habitantes de las zonas de Tenochtitlán y Tlatelolco, en la región mesoamericana, entre los siglos XII y XVI. Las tribus aludidas con este término son varias, aunque principalmente se refiere a los mexicas, uno de los últimos grandes pueblos de la era precolombina, junto con las culturas mayas e incas. El término azteca es un sustantivo gentilicio que proviene de Aztlán, el lugar del que, según la mitología de la época colonial, provenían estos pueblos. No fue un término con el que se denominaran a sí mismos ninguno de los pobladores mesoamericanos.

 

 

Expansión demográfica


Tras la disolución de la mítica ciudad de Tollan, hacia principios del siglo XII, enormes cantidades de indígenas toltecas y chichimecas comenzaron a migrar en grupos, dispersándose en dirección hacia Cholula, al oeste del actual estado de Puebla, en México. Estableciendo alianzas con nativos aledaños, lograron vencer a los olmecas y ocupar la zona del Altiplano Central. La última gran migración hacia esta región fue la de los mexicas, ocurrida entre los siglos XII y XIV, lapso durante el cual fueron paulatinamente ocupando territorios menores.

El imperio azteca


Tras recorrer vastos territorios, ya en el siglo XIV, los pueblos aztecas se establecieron en forma definitiva sobre el actual valle de México. Fundaron la ciudad capital de Tenochtitlán sobre un islote en las inmediaciones del Lago de Texcoco. Durante los primeros años, debieron luchar con numerosas tribus del lugar en pos de las mejores porciones de tierra y el dominio político sobre la región. A medida que triunfaron sobre sus vecinos, fueron estableciendo un entramado imperial que consistía, sobre todo, en obediencia, trabajo y tributo. La base de la expansión azteca fue su poderoso ejército. No obstante, los pueblos subyugados, una vez reconocida la figura del emperador azteca, conservaban a sus propios funcionarios.

 

Geografía



El imperio azteca llegó a extenderse sobre una superficie total aproximada a los 500 mil kilómetros cuadrados y contó con una población cercana a los 20 millones de habitantes. La conformación del imperio estuvo fundada sobre la base de una triple alianza entre los estados emergentes de los mexicas, en la ciudad de México-Tenochtitlán, los acolhua, en la ciudad de Texcoco, y los tlacopan, sobrevivientes del extinto señorío dominante del valle de México. Los territorios y culturas asociados al imperio fueron amplísimos, abarcando planicies y altas montañas, o desiertos y selvas, en el ámbito de las temperaturas más extremas.

Ubicación geográfica

 

La ciudad-estado de México-Tenochtitlán se ubicó en una zona de lagos de la Cuenca de México, sobre un islote en las orillas orientales del lago Texcoco. Desde este punto, los aztecas expandieron su dominio hacia el centro y sur del actual territorio mexicano, desde el valle de Toluca, hasta Guerrero y Oaxaca, y desde la costa de Chiapas, hasta la frontera con Guatemala, en donde también ocuparon una cierta extensión. La Cuenca de México abarca unos 7800 kilómetros cuadrados, localizados en la fase meridional del Altiplano Central, limitando con cadenas montañosas e importantes lagos.

Clima y ecosistemas

 

Desde el frío polar de alta montaña, hasta las cálidas selvas tropicales, encontramos múltiples ecosistemas a lo largo de bosques, selvas, desiertos rocosos, manglares, sabanas, estepas y montes, entre otros. Además existían diferentes biomas y microclimas, propios de la geografía mesoamericana, como el bosque templado lluvioso o el bosque de coníferas, en la cima de la Sierra Madre de Chiapas. En las geografías más bajas, cercanas al agua dulce de los lagos, proliferó el cultivo sobre nivel; en alturas cercanas a los 2500 metros, aprovechando la zona de somonte, con tierras fértiles, se practicó una agricultura extensiva; superando los 2800 metros sobre el nivel del mar, abundaron bosques y fauna mayor. El clima para la región fue, en promedio, templado, con un régimen pluvial en torno a los 700 milímetros por año.


Política y sociedad



A lo largo de la región central del actual territorio mexicano, los aztecas basaron la expansión de su dominio económico sobre el tributo que los pueblos subyugados debieron pagar al imperio. La hegemonía imperial estaba constituida por los tres estados confederados de la Triple Alianza, Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlán, y el conjunto de territorios conquistados. A través del tiempo, los mexicas de Tenochtitlán se ubicaron a la cabeza de las elites del sistema, resultando el estado con mayor expansión territorial. No obstante, las conquistas mexicas involucraron especialmente, casi con exclusividad, un dominio económico, permitiendo a los pueblos sometidos conservar a sus dioses, funcionarios y lengua. Se establecieron algunas excepciones en el caso de asentamientos estratégicos, sea por rebeliones, o la contención sobre culturas adversas, en los que permanecieron las fuerzas militares aztecas.

Estado

 

Así como en el resto de las culturas mesoamericanas, el gobierno azteca se erigió sobre un Estado teocrático, en donde el poder absoluto estuvo en manos de una clase dirigente de sacerdotes y un sumo emperador, al que llamaron huey-tlatoani, considerado un dios en la tierra. La elección del huey-tlatoani estaba a cargo de un consejo compuesto por los linajes nobles de los 20 clanes en que se subdividía la sociedad. Las decisiones más importantes eran tomadas en conjunto por el emperador y su consejo de asesores, entre los que se destaca la figura del cihuacóatl, principal consejero y reemplazante del tlatoani, en caso de ausencia. Por debajo de esta estructura se ubicaban los funcionarios públicos, jueces que velaban por el cumplimiento de normas y leyes, y guardianes de depósitos armamentísticos y de alimentos.

Sociedad

 

La sociedad se encontraba organizada en 20 clanes o calpullis, a su vez compuestos por personas vinculadas mediante un lazo de parentesco familiar. A cada calpulli correspondía una porción de tierra, un templo y un jefe político, llamado calpullec. La división social organizaba a tres clases: los nobles o pipiltin, que ocupaban las funciones gubernamentales y religiosas, no pagaban tributo y poseían tierras propias; la clase común o macehualtin, definida por campesinos, artesanos y comerciantes; y los esclavos o tlacotin, prisioneros de guerra y delincuentes, aunque también existían pobladores con deudas impagables, empleados como sirvientes de sus acreedores.

Ciencia y tecnología




Entre otros factores determinantes, la cultura azteca debió su poderío al avanzado grado de desarrollo en el pensamiento científico y técnico. La educación de su pueblo en este terreno fue primordial, alcanzando niveles de abstracción significativamente mayores a los de cualquier otra cultura, sobre todo en los campos de las matemáticas y la astronomía, aunque no fueron los únicos. La medicina de los mexicas trascendió a su propia época, encontrándose en la base de diversas bebidas, pomadas y ungüentos de la modernidad. La ingeniería terrestre y naval, las técnicas agrícolas y el desarrollo de una escritura propia, fueron otros aspectos fundamentales de la civilización azteca.





Astronomía y medicina

 

Las tribus primigenias de mesoamérica conocieron el concepto del número cero, lo que destacó un legado importantísimo para la base de cálculos abstractos en civilizaciones mayas y aztecas. Estos últimos, hacia el año 1479, confeccionaron la piedra del Sol, una pieza lítica de monumental tamaño y peso, tallada con los pictogramas correspondientes a los días y meses del calendario mexica. En el terreno de la medicina, el pueblo azteca supo eclipsar a las ciencias europeas de la salud, durante la época colonial. Basaron los tratamientos de la enfermedad en dos aristas: por un lado, se ocuparon de la salud espiritual, cuyo desequilibrio abría las puertas al deterioro físico; por el otro, recurrieron a medicamentos herbarios para dirigir la cura sintomática.

Armamento y transporte

 

Al carecer de acceso a metales, como el bronce o el hierro, los aztecas debieron aguzar el ingenio para la fabricación de armas y herramientas contundentes. Mayormente emplearon la obsidiana, una especie de las rocas volcánicas, y el sílex, un mineral de gran dureza, para la fabricación de lanzas,  cuchillos y flechas. La tecnología azteca conoció la rueda, pero, sin caballos, mulas, ni animales de carga, prescindieron de cualquier vehículo terrestre. En su lugar, fabricaron canoas para trasladarse a lo largo de canales y lagos.

 

Economía


Diversos factores coyunturales y geográficos hicieron de la economía azteca una de las más prósperas en la región mesoamericana. Por un lado, el control que establecieron sobre los pueblos conquistados, a través del tributo, les permitió el acceso a abundantes provisiones, materias primas, productos y mano de obra. Por otro lado, el desarrollo y empleo de avanzadas técnicas agrícolas, tales como terrazas de cultivo y chinampas, permitieron una expansión demográfica sostenida y sustentable. El comercio, por estas mismas razones, tuvo un despliegue sin precedentes para la época. Durante su apogeo, según los especialistas, la ciudad de Tenochtitlán fue el mercado más grande del mundo.

Agricultura

 

La actividad agrícola proporcionaba abundantes variedades de hortalizas, frutas y legumbres, como tomates, ajíes, calabazas, porotos y tunas. Superados únicamente por la agricultura de la región andina, los aztecas fueron el imperio de mayor evolución en técnicas agrarias. Aprovechando la geografía lacustre del lago Texcoco, los mexicas desarrollaron un sistema hidropónico de cultivo conocido como chinampa. Construyeron islas flotantes en base a balsas de tierra y ramas, ancladas a través de palos, sobre las que cultivaron todo tipo de vegetales. En las zonas de montaña, emplearon un sistema de terrazas.

 

Comercio


Si bien existieron monedas de intercambio, algunas comestibles, como el cacao, y otras no, como el polvillo de oro, o las mantas, el comercio azteca estuvo basado en el trueque. Desde Tenochtitlán y sus alrededores, los mercaderes y comerciantes mexicas llevaban y traían todo tipo de productos, los que intercambiaban en otras naciones y pueblos por objetos lujosos. En los mercados aztecas se comercializaban el cacao y las frutas, así como esclavos y prisioneros de guerra. Productos mineros, como la obsidiana, eran extraídos de la Sierra Madre Sur y Occidental, para la elaboración de armas y utensilios. Las labores textiles, de alto rendimiento, proporcionaban tejidos de algodón, entre otros.

Religión

 

La religión azteca, así como su civilización, resultó ser una síntesis de culturas y tradiciones milenarias. Su cosmogonía fue compleja al intentar responder profundos dilemas sobre la existencia, la creación del cosmos y el hombre, desde la perspectiva divina, asociada a las lluvias y la agricultura. Así, concibieron a la materia como la conformación de una parte animada y tangible, y otra parte intangible e interna, a su vez constituida por dos fuerzas, una luminosa y otra oscura. Los dioses mantenían una comunicación constante con los hombres y, al igual que estos, poseían componentes claroscuros; todo lo habido sobre la tierra estaba atravesado por esta dualidad, establecida en un equilibrio dinámico entre el micro y el macrocosmos; paridad que debía ser mantenida a fuerza de cultos y ofrendas.

Ritos y cultos


En el marco de la dualidad creadora y destructora, las fiestas religiosas de la cultura azteca buscaban equilibrar ambas voluntades cósmicas, con el objeto final de garantizar un ciclo continuo en la vitalidad y la agricultura. Los humanos podían alojar a los dioses de manera permanente o esporádica en las manifestaciones de virtud o perversión. En cualquier caso, la sangre era el vehículo de la continuidad de los ciclos y el alimento de los dioses, lo que fundamentó el culto a través de sacrificios humanos. En el caso de la elite azteca, practicaron la antropofagia ritual.

El panteón azteca

 

Análogamente al panteón romano, los mexicas construyeron templos para adorar a los dioses de otros pueblos, a los que respetaban y rendían culto. Los propios dioses patronos, Huitzilopochtli y Coatlicue, fueron promovidos al estatus de las antiguas deidades principales de la zona mesoamericana. En un orden jerárquico, podemos mencionar en primer lugar al dios creador Ometéotl, capaz de engendrarse a sí mismo en el desdoblamiento de su aspecto masculino, Ometecutli, y femenino, Omecihuatl. De ellos surgían cuatro deidades rectoras principales: Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, creadoras del mundo; Tláloc y Ehécatl, dadores de la lluvia y la vida. Por debajo se situaban los dioses patronos de cada pueblo, a los que sucedían en rango los de cada oficio o aspecto de la vida, y, por último, los de origen familiar.


 

Lugares Sagrados


Los monumentales templos, pirámides y palacios del pueblo azteca reflejaron el conjunto de valores y preceptos religiosos que dieron origen a su civilización. Toda su arquitectura estuvo dirigida a la manifestación del poder que los asistía como herederos del dios Huitzilopochtli. Cada lugar, incluso las casas de la gente común, fue construido con solemnidad y vocación de culto, por lo que cada sitio fue un lugar sagrado en la vida de los pobladores aztecas de la gran Tenochtitlán y el conjunto de sus ciudades imperiales. A medida que avanzaron sobre un nuevo territorio, sistemáticamente comenzaron por la construcción de un templo adoratorio para su dios principal y, a continuación, sobre sus inmediaciones, una cancha de pelota, en donde practicaron el juego ritual más difundido entre las culturas de Mesoamérica.
El Templo Mayor
En Tenochtitlán se encontraba emplazado el Templo mayor de los aztecas. Allí, a través de numerosas esculturas, se narraba la historia de Huitzilopochtli. En este lugar sagrado, los aztecas adoraron al dios y sacrificaron humanos para aplacar su sed. Se encontraba amurallado por una pared en forma de serpiente y albergaba otros templos principales y casas de la elite política y religiosa. Todo estaba organizado en base a un estricto orden de simetría, con diseños geométricos y amplias líneas en dirección de los puntos cardinales. La plaza central de este templo podía albergar a unas 8000 personas y su mercado a unas 20000.

Las pirámides


Existieron distintos tipos de construcciones piramidales. Entre las más profusas encontramos a las pirámides redondas, situadas en mayor medida a lo largo del valle de Toluca. Estuvieron construidas en honor al dios del viento, Ehécatl, y su estructura circular permitió, precisamente, un flujo ventoso, de modo que el dios pudiese circular en su interior sin obstrucciones. Las pirámides de escalinatas gemelas albergaban en su cima a dos templos con dos escalinatas: el templo situado al lado izquierdo estaba dedicado a Tláloc, deidad responsable de las lluvias; el de la derecha honraba a Huitzilopochtli. El primero estaba pintado de colores azules y blancos, símbolo del agua; el segundo, de rojo y blanco, símbolo del sacrificio y de las guerras.

Calendario


Las distintas etnias a lo largo de la historia mesoamericana han asimilado un calendario cuyos orígenes son atribuidos a la cultura olmeca, a partir del siglo XIV AC. Las civilizaciones aztecas, así como las mayas y zapotecas, heredaron una misma manera de medir el tiempo. Se supone que este calendario provino, a su vez, de las regiones situadas hacia el norte de México, probablemente de las zonas desérticas, en donde la contemplación del cielo es accesible durante prácticamente todo el año, lo que resulta imposible en lugares ocupados por las tribus olmecas, con cielos cubiertos de nubes durante largos períodos.


Calendario azteca

 

El calendario mexica o azteca fue un calendario solar, con una estructura muy similar a la del calendario maya. Contaban con un calendario de uso civil, llamado xihuitl, de 365 días de duración, que organizaba cronológicamente las actividades sociales del imperio. Por otro lado, computaban, conjuntamente con el xihuitl, un calendario religioso, llamado tonalpohualli, de 260 días, con el que realizaban predicciones sobre eventos futuros. Los ciclos de ambos calendarios volvían a coincidir cada 52 años, conformando una revolución a la que los aztecas denominaron Xiuhmopilli, o atado de años. Esta conjunción del tiempo estaba basada en la observación de los ciclos de la Tierra alrededor del Sol, de la Luna en torno al planeta Tierra, y de Venus.

El calendario civil

 

A través de este calendario, los aztecas identificaban los días para ceremonias y rituales. Estas mismas mediciones se aplicaban a los ciclos agrícolas, intrínsecamente ligados al rito y los festejos patronales de cada deidad. El año estaba dividido en 18 meses, o meztli, con una duración de 20 días por cada mes. A su vez, las semanas se encontraban compuestas por 5 días de duración. Se concebía un año de 365 días de actividad, más 5 días, llamados nemontemi, que significa días vacíos, durante los cuales cesaba toda acción civil y los pobladores se abocaban a la abstinencia y el ayuno. 


Arte


El pueblo azteca se caracterizó por su arquitectura y, más aún, por su escultura. Manejaron todo tipo de tamaños al tallar la piedra, captando la esencia de aquello que quisieron grabar, para luego plasmarlo con maestría y gran nivel de detalle. Destinaron las esculturas de mayor volumen a la representación de dioses y emperadores, mientras que las más pequeñas estuvieron destinadas a los animales y situaciones cotidianas. Sea ya en la piedra como en la madera, supieron adornar a la escultura con pinturas e incrustaciones. En cuanto a la música, fue el escenario de todo evento civil y religioso, acompañando bodas, funerales, actividades guerreras y políticas, ritos y sacrificios. También se destacaron por su arte textil, con prendas finas y coloridas.

Pintura


La pintura se basó en una correlación entre los colores y el símbolo. Emplearon pigmentaciones más bien puras y planas, sin variación de los matices cromáticos, ni brillos, ni sombras. En general, la pintura azteca estuvo vinculada a la decoración de los distintos tipos de edificaciones arquitectónicas. Otra acepción del arte pictórico azteca estuvo dada por los códices mexicas, elaborados con hojas de papel fabricadas con corteza de árbol. En estas páginas, un grupo de artesanos pintores de la elite imperial, llamados tlacuilos, representó sucesos importantes en la vida del pueblo, sus dioses y emperadores.

 

Arte textil y plumario

 

Los artesanos aztecas manejaron las artes textiles con maestría y fineza. En un principio se valieron de las fibras de ixtle, provistas por el tratamiento de las ramas del maguey, para la confección de mantas y atuendos. Más tarde, durante el asentamiento en la ciudad de Tenochtitlán, el comercio con otros pueblos posibilitó la obtención de algodón, con el que mejoraron, sobre todo, las vestimentas. La plumería constituyó uno de los aspectos más originales de la cultura de los mexicas, sobre todo en la elaboración de mosaicos suntuosos, para cuya realización se sirvieron de las aves de los bosques del sur. Una de las piezas más destacables es el penacho del emperador Moctezuma.